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EMILI GARCÍA-BERTHOU Y CARLES ALCARAZ  - 19/10/2002

 


El efecto Frankenstein

 

HAY UNAS 25 especies de peces exóticos en la Península que homogeneizan lo que era una fauna rica 

EMILI GARCÍA-BERTHOU Y CARLES ALCARAZ - 02:47 horas - 19/10/2002
Las especies invasoras son la segunda mayor amenaza a la biodiversidad (después de la pérdida de hábitat) y uno de los principales motores del cambio ecológico global. Entre las especies invasoras, uno de los grupos con mayor impacto ecológico es el de los peces continentales. Se ha estimado que el 54% de las extinciones recientes de especies de peces de agua dulce se deben a la introducción de especies exóticas y que el 20% de las especies de vertebrados en peligro de extinción están amenazadas por el efecto de especies exóticas. El caso más conocido y dramático es el de la introducción de la perca del Nilo ("Lates niloticus") en el lago Victoria (el segundo mayor lago del mundo, en el Rift africano), donde este pez piscívoro de gran tamaño aparentemente ha causado la extinción de más de 200 especies de peces cíclidos endémicos del lago (la mayor extinción en masa de vertebrados de la era moderna).

Los mecanismos de impacto ecológico son principalmente: competencia con especies autóctonas, introducción de parásitos y enfermedades, hibridación con especies autóctonas, y cambios en el funcionamiento y estructura de los ecosistemas. Las consecuencias son pérdida de biodiversidad por extinción de especies, reducción de la diversidad genética y homogeneización biótica.

La península Ibérica tiene menos especies de peces continentales que los países centroeuropeos pero mayor número de endemismos (especies que sólo se encuentran aquí). Hay unas 25 especies de peces continentales exóticas naturalizadas en la Península. La mayoría han sido introducidas voluntariamente durante el siglo XX. Algunas son bien conocidas como el black-bass o perca americana, el lucio, la gambusia o el siluro (un monstruo de más de 2 metros de longitud y más de 100 kilos que amenaza con expandirse desde su introducción en el Ebro). La introducción más antigua es la de la carpa, que ya llevaron a cabo los romanos. Actualmente, buena parte de nuestras aguas continentales están dominadas por estas especies exóticas.

La gestión por parte de la Administración deja mucho que desear. Los pescadores deportivos suponen una fuerte presión social poco informada que continúa introduciendo nuevas especies de peces y transportando impunemente las ya introducidas a nuevas cuencas, homogeneizando lo que era una fauna rica y diferenciada. Urgen muchas medidas de gestión: aumentar la información y sensibilización del público, en especial pescadores deportivos; controlar eficazmente el transporte e introducción de especies exóticas; evaluar el estado de conservación de las especies autóctonas y el impacto ecológico de las especies exóticas en nuestros ecosistemas; mejorar la calidad ecológica de nuestros ríos, ya que las especies exóticas dominan especialmente en hábitats degradados o humanizados; y controlar y erradicar las especies exóticas en los pocos lugares donde sea viable, aunque como siempre la prevención es la herramienta más eficaz. Nuestros ríos han sido ya muy degradados y ahora además se homogeneiza su fauna a escala global. Los trasvases del plan hidrológico agravarán este problema. Muchos de estos cambios son irreversibles y pocas zonas se salvarán si no se toman medidas urgentes. Uno de los mejores especialistas sobre esta problemática, el profesor Peter B. Moyle, bautizó la introducción de peces exóticos como el efecto Frankenstein, porque una chapuza bienintencionada se convierte en un monstruo incontrolable.

E. GARCÍA-BERTHOU y C. ALCARAZ, profesores del área de Ecología, Universitat de Girona


 

 

 
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