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DANIEL BOIX MASAFRET y EMILI GARCÍA-BERTHOU  - 14/11/2002

 


La invasión del mejillón cebra

 

DANIEL BOIX MASAFRET y EMILI GARCÍA-BERTHOU - 04:24 horas - 14/11/2002
Una de las invasiones biológicas más temidas del planeta, la del mejillón cebra, ha llegado a la península Ibérica y se está extendiendo por la cuenca del Ebro. Esta especie, una de las invasoras de mayor impacto ecológico y económico, es autóctona de las cuencas de los mares Negro y Caspio desde donde se expandió por Europa en el siglo XIX a través de los canales de navegación interfluvial que se construían. A principio de la década de los ochenta se introdujo en los Grandes Lagos de Norteamérica, muy posiblemente a partir del agua de lastre de barcos europeos.

En el verano del 2001 se detectó su presencia en el Ebro (embalse de Riba-roja y en varios puntos desde Flix hasta Xerta). En pocos meses su presencia se hizo habitual desde el embalse de Riba-roja hasta el delta del Ebro. En la península Ibérica, además del mejillón cebra existe otro bivalvo invasor ("Corbicula fluminea"), que ha sido introducido ya en numerosas cuencas (Miño, Ebro, etcétera).

El mejillón cebra ("Dreissena polymorpha") es un molusco bivalvo de unos 3 centímetros de tamaño y con un aspecto similar a los mejillones marinos. Las hembras se reproducen en el segundo año de vida, la fecundación es externa, cada puesta es de unos 40.000 huevos y unos días después de la fer-tilización nace una larva planctó- nica que en un mes se convertirá en juvenil. Un mejillón cebra puede producir un millón de descendientes en un año. Esta especie también destaca por su alta tolerancia a variaciones de salinidad y temperatura, incluso resiste varios días fuera del agua, lo cual ha permitido su dispersión a partir de individuos fijados en cascos de embarcaciones o en bodegas de cargueros. Para evitar la propagación en la península Ibérica, la Confederación Hidrográfica del Ebro ha elaborado una normativa que obliga a la desinfección de las embarcaciones.

Su impacto económico radica en la obturación de todo tipo de conducciones (agua potable, industrias, centrales hidroeléctricas y nucleares, etcétera). Su control en la zona de los grandes lagos de Norteamérica ya ha costado unos 2.000 millones de dólares. Su impacto ecológico consiste en: disminución del fitoplancton, alteración del ciclo del fósforo del agua, aumento de la deposición de materia orgánica en el fondo y alteración y dominación del hábitat colonizado. Además desplaza las especies autóctonas de bivalvos. En el Ebro hay dos especies de náyades (bivalvos de agua dulce) y una de ellas ("Margaritifera auricularia") está en peligro de extinción.

La erradicación de esta especie no será fácil a juzgar por los antecedentes en Europa y Norteamérica. En Estados Unidos, a pesar de las grandes inversiones para controlar la invasión, la especie está completamente establecida y se han tenido que criar en cautividad las especies nativas de bivalvos más amenazadas para asegurar su conservación. El control con productos químicos supone un impacto importante para el resto de las especies y por eso se está investigando con otros sistemas. Por ejemplo, se han obtenido resultados positivos mediante ondas de radio. La conexión de cuencas fluviales como las que plantea el plan hidrológico puede facilitar la dispersión del mejillón cebra y otras especies por las aguas ibéricas.

D. BOIX y E. GARCÍA-BERTHOU, profesores del área de Ecología de la Universitat de Girona


 

 

 
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